
Con un sonido muy al palo, con la banda haciendo todo perfecto, con horas de ensayo sobre sus espaldas, Radiohead dio lo que para mí es el mejor concierto que he visto hasta ahora. Me refiero más bien a conciertos masivos.
Esto último tal vez sea algo extraño. No es una banda de hits, tampoco de canciones accesibles, y sin embargo más de treinta mil personas deliramos y gozamos con un show estremecedor.
Soy fan de Radiohead desde el año 1998, cuando mi hermano un día se apareció con un disco que, según él, era el mejor de los últimos años. Se trataba de OK Computer. Desde entonces sigo a la banda, tengo todos los discos que editaron desde entonces. Ayer tocaron gran parte de esta etapa. Se centraron en su último disco, In the Rainbow, que luego de ayer tengo para mí que fue compuesto para ser tocado en vivo. Pocos discos lucen tanto en vivo como este. Pero Radiohead arriesga constantemente y lo hace bien. Atravesaron Kid A, un disco raro, lento, difícil de acceder, complejo y depresivo a la vez.
Todo fue gratamente sorpresivo. Además de la selección de temas, inapelable para mi gusto, Tom Yorke demostró una gran versatilidad con su voz. Cada sonido que salía de los instrumentos se escuchó, todo. El bajista Colin Greenwood increíble, una máquina. Toda la banda en realidad, sin olvidar a los guitarristas-multiinstrumentistas en realidad-, Ed O’Brien y Jonny Greenwood.
Público fiel el de Radiohead. Celebramos todas las canciones, la buena onda de Yorke, para mi sorprendente. Los juegos de luces y pantallas, en fin. Nada más podré agregar. Me gusta la buena música, esa es la condición para escuchar bandas o músicos, y anoche Radiohead demostró ser la mejor banda de los últimos 20 años, destronando algunas buenísimas que aún siéndolo no llegan a los niveles de perfección de los amigos de Oxford. Memorable, entreñable, un antes y un después. El mejor concierto que he visto y no me cansaré de repetirlo.
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