
Peter Gabriel tocó por tercera vez en Buenos Aires el domingo pasado, 22 de marzo. Había tocado en el concierto de Amnesty International, y había regresado en el 93’ para tocar en el mismo lugar que esta vez, el estadio de Vélez Sarsfield. Por mi edad y por no haberlo visto las veces anteriores para mí era la primera vez, la primera oportunidad de presenciar el concierto de un artista que admiro profundamente desde muy chico cuando mi hermano me paseaba por la hipnótica sinfonía de Génesis.
Peter Gabriel y su extraordinaria banda brindaron un concierto memorable. Entre los músicos se encontraba el entrañable Tony Levin, bajista de Gabriel desde finales de los 70’s, y músico de la banda favorita de quien esto escribe, King Crimson. Levin demuestra ser un bajista con un gran talento. Naturalmente que las canciones de Peter las conoce con profundidad, tanto que pareciese que disfruta de oírlas, no ya por tocarlas. Levin recibió una gran ovación de parte del público argentino, emocionante por cierto.
El concierto no tuvo baches. Nada salió mal, nada es señalable. La banda está perfectamente sincronizada, nada librado al azar, potente y a la vez fino, elegante, como tiene que ser una banda inglesa de las buenas. Gabriel es un músico de esos que con solo nombrarlo sabemos que nos referimos a un gran artista. Alguien inquieto artísticamente, desde su lejana juventud cuando sorprendía a sus compañeros de Génesis presentándose con una máscara de un lobo a tocar, adelanto además en lo referente a las puestas en escena de aquí en más en los conciertos de rock, hasta meterse dentro de una pelota y bailar por un gran escenario, como lo hizo en la gira anterior Growing Up Live, en el 2003. Decía que nada salió mal, y muy por el contrario, el concierto fue casi perfecto. La selección de temas abarcó toda su carrera, desde sus comienzos con la serie de discos I, II, III, IV, hasta el proyecto OVO para el cambio de milenio y Up, del 2003. Si ningún tipo de demagogia Gabriel no necesitó citar su etapa Génesis, su carrera solista es tan sólida que por si sola se sostiene.
Gabriel es un caballero. Presentó la gran mayoría de las canciones en un castellano elemental, tosco. Pero lo hizo. Merece enorme respeto que este hombre de más de 55 años, plagado de premios y éxitos, se tome el trabajo de presentar sus temas en clave épica, hacer lo propio con su banda, y emocionar a los de más de treinta personas que estuvimos allí manifestando abiertamente su orgullo por su hija Melanie.
Como siempre, o como en anteriores giras, interactúa con la banda haciendo pasitos de baile y guiños al público, tal como lo hicieron en Solsbury Hill (mi tema favorito), haciendo un trencito integrado por Levin, el guitarrista y comandado por el Sr Gabriel.
El público emocionado, como debía ser. Diferentes edades, todos admiradores, todos con sus expectativas colmadas y casi todos diciendo “qué bueno”, o “increíble”. El cierre fue muy intenso, con treinta y cinco mil personas cantando emocionadas Biko, de su disco Gabriel III (también conocido como Melt)
Guardado en el mejor lugar de los gratos recuerdos, me alegra mucho haber ido a ver a Peter Gabriel.
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