lunes, 15 de septiembre de 2008

Combustication, by Medeski, Martin & Wood


La década del 90 tenía una particularidad lejana y extraña hoy en día: comprábamos muchos discos. No digo que ahora quien esto escribe no lo haga, pero de ninguna manera con la discrecionalidad que lo hacía por aquel entonces. Sobre finales de la década mi hermano trae como reciente adquisición un disco de trío Medeski, Martin & Wood, Combustication. Las referencias que por entonces contaba de la banda era simplemente que se trataba de un trío de jazz neoyorquino que hacía un jazz “raro”.
Nada más, apelas si se los había escuchado en este país.
El resultado del primer contacto fue de una placentera sorpresa. Sonaba por entonces a cada rato en mi casa con la consabida volada de cabezas que eso significaba. Inmediatamente nos hicimos fans y comenzamos a investigar y comprar CDs. Lo siguiente que escuchamos fue una compilación por entonces recientemente editada llamada Last Chance to Dance Trance (perhaps). La misma contenía temas que iban desde su debut en 1992 a la fecha (1999). Conjuntamente con esto se podía leer allí información acerca de los integrantes y enterarnos por ejemplo que la espectacular técnica del percusionista Billy Martin estaba fuertemente influenciada por haber sido alumno y compartido algunas grabaciones de Hermeto Pascoal.
A los dos o tres años sale a la venta el disco que continúa a Combustication, The Drooper. Se trataba de un disco enfermo, plagado de sonidos, ritmos acelerados y arreglos para mi demasiado complejos. Aún hoy me cuesta escucharlo y sinceramente trato de evitarlo. De todas maneras seguí escuchándolos y comprando sus discos.
Hace dos años vinieron a Buenos Aires por segunda vez (habían venido tres años antes y tocado en la Trastienda. Allí no los pude ver aunque mi hermano sí. La tercera visita se producirá en menos de un mes) a tocar al Gran Rex. Recuerdo que fui solo a verlos, nadie me acompañó. Sentía y creía que era una experiencia genial para hacerlo sin compañía alguna. Mi butaca pertenecía a la segunda fila de la primera bandeja (ignoro el nombre técnico y el lenguaje teatral). Se veía y se escuchaba extraordinariamente. Y, si me permiten la vulgaridad, me volaron la cabeza. Tiraban tema tras tema y no paraban de hacer genialidades, de sacar acordes y tonos de lugares increíbles, con el bajo eléctrico por momentos y acústico por otros que marchaba muy al frente, los sonidos y teclados de Medeski y la hiperquinesis de un baterista impresionante. En fin, fue un concierto de puta madre.
Si bien la recomendación del día es en efecto Combustication, no quería dejar de recordar esta trayectoria mal resumida y peor descrita de mi relación con la banda. Combustication es el mejor disco hasta el momento. No tengo duda alguna de lo insuperable que es esta obra. El trío tiene una discografía muy pareja y llena de aciertos, pero este disco sobresale por lo concreto, parejo e hipnótico. Si hasta toca un DJs que hace unas pequeñas participaciones en varios temas que son obras maestras de la elegancia y buen gusto. Si pudiese calificarse cuasi escolarmente, tiene un “muy bien 10 felicitado”. Recientemente han editado dos discos y se espera un tercero antes de terminar el año. Ambos se entrometen en el protagonismo de aquel pues quiero mencionarlos por su calidad: Let go everywhere, un disco de jazz para chicos (si si, los hijos de puta se mandaron un disco para chicos, que es una joyita!), y Zaebos: the book of Angels, dedicado a la formación que formara John Zorn, Masada, cuyos temas judíos son el ABC de la vanguardia musical de los 90s en la New York jazzera y burguesa. De hecho fue Zorn quien comenzó este “movimiento” y apadrinó a nuestro trío. Zaebos es una maravilla, no tan centrada en los sonidos y las mezclas con el soul, el funk o el hip hop. De hecho Medeski toca el piano solamente en varias canciones del disco.
Vuelvo a Combustication. Son 12 temas con uno encubierto en el último, Hypnotized (anuncian los efectos al final), arranca con Sugar craft, un tema extraño, pocas veces escuchado y muy pero muy seductor, al punto de lograr captar el 100% de la atención de quien lo escucha. Destaco también un tema que es algo así como una canción de cuna o himno caribeño: No ke ano ahiahi, y que en realidad es una canción tradicional hawaiana… temazo de aquellos.
Recomiendo enfáticamente este disco, recomiendo a la banda, y por qué no, a toda su discografía. Excelente e imperdible.
Qué lo disfruten! Ideal para la relajación, la buena lectura, un buen Merlot o un rico inocente porrito.

Falleció Rick Wright


Hoy murió Rick Wright, tecladista de Pink Floyd. Como fan de la banda no puedo menos que conmoverme tristemente por la desaparición de este grande. Tenía 65 años y lo mató un cáncer.

Richard William Wright había nacido el 28 de julio de 1943 en Londres. Lo más destacado de su carrera artística fue el haber sido desde 1964 el tecladista de una de las bandas más grandes de todos los tiempos. Su participación más destacada en la historia de la misma fueron dos temas que se instalaron para siempre en el imaginario musical en el disco The Dark Side of the Moon: The Great Gig in the Sky y la maravillosa Us and Them. Se ha repetido en reiteradísimas ocasiones con justa razón que su estilo era jazzero. Sus primeras escuchas musicales dan cuenta de ese género. A través de sus sintetizadores y del Hammond cambiaron el sonido a la banda y también a la historia.

Grabó tres discos como solista: Wet dream, Indentity, Broken China. Nunca contó con la gran popular que si tienen sus compañeros Roger Waters y David Gilmour, pero su presencia en la banda fue fundamental, irreemplazable. Espero que la muerte de Rick sea también el final definitivo de la banda.

Voy a extrañarlo, porque aunque no tenía presencia mediática, no sacaba discos seguido, no daba reportajes ni daba conciertos, sabía que estaba allí... Cierto que voy a extrañarlo... Salu' Rick!!

domingo, 14 de septiembre de 2008

Muy recomendable disco de Jazz: Somethin' Else, Cannonball Adderley


De regreso con algunas experiencias musicales recabadas en las últimas semanas. Entre otras cosas he estado escuchando varios discos de jazz. El género me gustó siempre, tanto que durante el desarrollo de mis estudios académicos me ha acompañado preparando finales y trabajos prácticos. Menciono al pasar a Miles Davis, uno de los músicos más geniales de siglo XX y uno de mis músicos favoritos. O a Keith Jarrett que con su disco The Koln Concert comencé a desarrollar mi gusto por esta música no del todo masiva. Este último fue el disco de jazz para mi durante mucho tiempo y por momentos vuelve a serlo hasta que nuevamente domina la lista Kind of Blue.
Pero se trata de discos y comienzo con este que me ha cautivado fuertemente en los últimos días. Se trata de Somethin’ Else, de Cannonball Adderley. Muchos han dicho que es otro de los discazos de Miles en compañía de Adderley. Lo cierto es que efectivamente comparten la ejecución del mismo aunque el disco es ciertamente de Cannonball. Además de los dos ya mencionados, la plantilla de músicos intervinientes se completa con el pianista Hank Jones, de una extraordinaria calidad y buen gusto para acompañar al tándem, el gran baterista Art Blakey y el bajista Sam Jones.
Cannonball Adderley ( Julian Edwin Adderley), nació en 1928 y falleció en 1975. Fue un extraordinario saxofonista que en 1957 se unió a la banda de Miles Davis que por ese entonces también integraba John Coltrane. En la formación de Davis grabó el disco Milestones y un año más tarde también participaría en la grabación del para mí mejor disco que el jazz ha grabado y que es un hiato en la historia de la música: Kind of Blue.
Ese mismo año en que se escribía una de las más importantes páginas en la historia de la música, Adderley clava un registro tremendo en la misma con el disco del que aquí hablamos: Somethin’ Else. Las sesiones estuvieron dominadas casi por completo por la personalidad de Davis, atrayendo absolutamente todas las miradas de los técnicos y la atención de los críticos. Pero la guía artística es de este genial saxofonista que construye un disco que es pura levitación, improvisación y talento. Nada está de más y la elegancia con que suenan los arreglos y los solos tanto de Miles como del propio Adderley lo hacen, en sentido estricto del término, alucinante.
Mencionaré solo un tema, el primero, dado que es el primer y único envión que necesita esta obra para quedar prendida a ella. El mismo lleva por nombre Autumn Leaves. Los primeros segundos pertenecen al pianista Hank Jones para dar lugar, primero a la más triunfal de las entradas con el sonido inigualable de la trompeta, que además permite que luego Adderley deleite con una sucesión de melodías cien por ciento hipnóticas.

Todo amante del jazz que se precie tiene necesaria y obligatoriamente que conocer este disco. Lo mismo corre para los que no son fanáticos del género pero sí de la música de alta calidad. Este disco lo es, cumple perfectamente los parámetros para decir que es un disco perfecto.