
La década del 90 tenía una particularidad lejana y extraña hoy en día: comprábamos muchos discos. No digo que ahora quien esto escribe no lo haga, pero de ninguna manera con la discrecionalidad que lo hacía por aquel entonces. Sobre finales de la década mi hermano trae como reciente adquisición un disco de trío Medeski, Martin & Wood, Combustication. Las referencias que por entonces contaba de la banda era simplemente que se trataba de un trío de jazz neoyorquino que hacía un jazz “raro”.
Nada más, apelas si se los había escuchado en este país.
El resultado del primer contacto fue de una placentera sorpresa. Sonaba por entonces a cada rato en mi casa con la consabida volada de cabezas que eso significaba. Inmediatamente nos hicimos fans y comenzamos a investigar y comprar CDs. Lo siguiente que escuchamos fue una compilación por entonces recientemente editada llamada Last Chance to Dance Trance (perhaps). La misma contenía temas que iban desde su debut en 1992 a la fecha (1999). Conjuntamente con esto se podía leer allí información acerca de los integrantes y enterarnos por ejemplo que la espectacular técnica del percusionista Billy Martin estaba fuertemente influenciada por haber sido alumno y compartido algunas grabaciones de Hermeto Pascoal.
A los dos o tres años sale a la venta el disco que continúa a Combustication, The Drooper. Se trataba de un disco enfermo, plagado de sonidos, ritmos acelerados y arreglos para mi demasiado complejos. Aún hoy me cuesta escucharlo y sinceramente trato de evitarlo. De todas maneras seguí escuchándolos y comprando sus discos.
Hace dos años vinieron a Buenos Aires por segunda vez (habían venido tres años antes y tocado en la Trastienda. Allí no los pude ver aunque mi hermano sí. La tercera visita se producirá en menos de un mes) a tocar al Gran Rex. Recuerdo que fui solo a verlos, nadie me acompañó. Sentía y creía que era una experiencia genial para hacerlo sin compañía alguna. Mi butaca pertenecía a la segunda fila de la primera bandeja (ignoro el nombre técnico y el lenguaje teatral). Se veía y se escuchaba extraordinariamente. Y, si me permiten la vulgaridad, me volaron la cabeza. Tiraban tema tras tema y no paraban de hacer genialidades, de sacar acordes y tonos de lugares increíbles, con el bajo eléctrico por momentos y acústico por otros que marchaba muy al frente, los sonidos y teclados de Medeski y la hiperquinesis de un baterista impresionante. En fin, fue un concierto de puta madre.
Si bien la recomendación del día es en efecto Combustication, no quería dejar de recordar esta trayectoria mal resumida y peor descrita de mi relación con la banda. Combustication es el mejor disco hasta el momento. No tengo duda alguna de lo insuperable que es esta obra. El trío tiene una discografía muy pareja y llena de aciertos, pero este disco sobresale por lo concreto, parejo e hipnótico. Si hasta toca un DJs que hace unas pequeñas participaciones en varios temas que son obras maestras de la elegancia y buen gusto. Si pudiese calificarse cuasi escolarmente, tiene un “muy bien 10 felicitado”. Recientemente han editado dos discos y se espera un tercero antes de terminar el año. Ambos se entrometen en el protagonismo de aquel pues quiero mencionarlos por su calidad: Let go everywhere, un disco de jazz para chicos (si si, los hijos de puta se mandaron un disco para chicos, que es una joyita!), y Zaebos: the book of Angels, dedicado a la formación que formara John Zorn, Masada, cuyos temas judíos son el ABC de la vanguardia musical de los 90s en la New York jazzera y burguesa. De hecho fue Zorn quien comenzó este “movimiento” y apadrinó a nuestro trío. Zaebos es una maravilla, no tan centrada en los sonidos y las mezclas con el soul, el funk o el hip hop. De hecho Medeski toca el piano solamente en varias canciones del disco.
Vuelvo a Combustication. Son 12 temas con uno encubierto en el último, Hypnotized (anuncian los efectos al final), arranca con Sugar craft, un tema extraño, pocas veces escuchado y muy pero muy seductor, al punto de lograr captar el 100% de la atención de quien lo escucha. Destaco también un tema que es algo así como una canción de cuna o himno caribeño: No ke ano ahiahi, y que en realidad es una canción tradicional hawaiana… temazo de aquellos.
Recomiendo enfáticamente este disco, recomiendo a la banda, y por qué no, a toda su discografía. Excelente e imperdible.
Qué lo disfruten! Ideal para la relajación, la buena lectura, un buen Merlot o un rico inocente porrito.
Nada más, apelas si se los había escuchado en este país.
El resultado del primer contacto fue de una placentera sorpresa. Sonaba por entonces a cada rato en mi casa con la consabida volada de cabezas que eso significaba. Inmediatamente nos hicimos fans y comenzamos a investigar y comprar CDs. Lo siguiente que escuchamos fue una compilación por entonces recientemente editada llamada Last Chance to Dance Trance (perhaps). La misma contenía temas que iban desde su debut en 1992 a la fecha (1999). Conjuntamente con esto se podía leer allí información acerca de los integrantes y enterarnos por ejemplo que la espectacular técnica del percusionista Billy Martin estaba fuertemente influenciada por haber sido alumno y compartido algunas grabaciones de Hermeto Pascoal.
A los dos o tres años sale a la venta el disco que continúa a Combustication, The Drooper. Se trataba de un disco enfermo, plagado de sonidos, ritmos acelerados y arreglos para mi demasiado complejos. Aún hoy me cuesta escucharlo y sinceramente trato de evitarlo. De todas maneras seguí escuchándolos y comprando sus discos.
Hace dos años vinieron a Buenos Aires por segunda vez (habían venido tres años antes y tocado en la Trastienda. Allí no los pude ver aunque mi hermano sí. La tercera visita se producirá en menos de un mes) a tocar al Gran Rex. Recuerdo que fui solo a verlos, nadie me acompañó. Sentía y creía que era una experiencia genial para hacerlo sin compañía alguna. Mi butaca pertenecía a la segunda fila de la primera bandeja (ignoro el nombre técnico y el lenguaje teatral). Se veía y se escuchaba extraordinariamente. Y, si me permiten la vulgaridad, me volaron la cabeza. Tiraban tema tras tema y no paraban de hacer genialidades, de sacar acordes y tonos de lugares increíbles, con el bajo eléctrico por momentos y acústico por otros que marchaba muy al frente, los sonidos y teclados de Medeski y la hiperquinesis de un baterista impresionante. En fin, fue un concierto de puta madre.
Si bien la recomendación del día es en efecto Combustication, no quería dejar de recordar esta trayectoria mal resumida y peor descrita de mi relación con la banda. Combustication es el mejor disco hasta el momento. No tengo duda alguna de lo insuperable que es esta obra. El trío tiene una discografía muy pareja y llena de aciertos, pero este disco sobresale por lo concreto, parejo e hipnótico. Si hasta toca un DJs que hace unas pequeñas participaciones en varios temas que son obras maestras de la elegancia y buen gusto. Si pudiese calificarse cuasi escolarmente, tiene un “muy bien 10 felicitado”. Recientemente han editado dos discos y se espera un tercero antes de terminar el año. Ambos se entrometen en el protagonismo de aquel pues quiero mencionarlos por su calidad: Let go everywhere, un disco de jazz para chicos (si si, los hijos de puta se mandaron un disco para chicos, que es una joyita!), y Zaebos: the book of Angels, dedicado a la formación que formara John Zorn, Masada, cuyos temas judíos son el ABC de la vanguardia musical de los 90s en la New York jazzera y burguesa. De hecho fue Zorn quien comenzó este “movimiento” y apadrinó a nuestro trío. Zaebos es una maravilla, no tan centrada en los sonidos y las mezclas con el soul, el funk o el hip hop. De hecho Medeski toca el piano solamente en varias canciones del disco.
Vuelvo a Combustication. Son 12 temas con uno encubierto en el último, Hypnotized (anuncian los efectos al final), arranca con Sugar craft, un tema extraño, pocas veces escuchado y muy pero muy seductor, al punto de lograr captar el 100% de la atención de quien lo escucha. Destaco también un tema que es algo así como una canción de cuna o himno caribeño: No ke ano ahiahi, y que en realidad es una canción tradicional hawaiana… temazo de aquellos.
Recomiendo enfáticamente este disco, recomiendo a la banda, y por qué no, a toda su discografía. Excelente e imperdible.
Qué lo disfruten! Ideal para la relajación, la buena lectura, un buen Merlot o un rico inocente porrito.

