
En la década del sesenta se produce uno de los fenómenos más extraordinarios de la historia y a partir de allí occidente cambiará fuertemente: aparece la juventud como un actor social muy poderoso, atravesando el resto de las esferas, tanto sea en el arte, en la cultura, en la estética, en la política. El mercado le da la bienvenida a uno de sus protagonistas más importantes de la actualidad. El mundo rejuvenese, se dinamiza y comienza a moverse en diferentes direcciones. La “guerra del cerdo” se ha consumado. El rock, vía Beatles en gran medida, se convierte en la experiencia más potente de este nuevo gran protagonista. La cultura se dispara tan violentamente que emergen distinto tipos de expresiones hasta el momento impensadas, y que, vistas hacia atrás, siguen generando asombro.
La psicodelia a mediados de los 60s es uno de tantos ejemplos. En este sentido, y de acuerdo a lo que se viene diciendo, postear algo sobre un grupo de rock psicodélico peruano produce, para los neófitos, cuando menos sorpresa. Y está bien que así sea, no está mal asombrarse.
En 1968 aparece en escena Traffic Sound con su disco A bailar go go. En sus primeros shows la banda tocaba covers de The Doors, Jimi Hendrix, Animals, Cream y paulatinamente hacían conocer sus propios temas que son los integrantes de esta maravilla musical que es el disco de referencia. El sonido de la banda se estructura a partir de elementos claramente psicodélicos, hasta incluso los arreglos de voces. Ahora, cuando uno escucha temas tales como Meshkalina, Lux o La Camita, resuenan también otras influencias tales como la música andina y afrolatina. A no confundirse, no es un disco al estilo Santaolalla. Acá hay calidad, creatividad y sobretodo nada robado. En otras palabras, no es una hibridez al modo "sudaca en Los Ángeles", sino una genuina muestra de riesgo y de adelanto musical.
La psicodelia a mediados de los 60s es uno de tantos ejemplos. En este sentido, y de acuerdo a lo que se viene diciendo, postear algo sobre un grupo de rock psicodélico peruano produce, para los neófitos, cuando menos sorpresa. Y está bien que así sea, no está mal asombrarse.
En 1968 aparece en escena Traffic Sound con su disco A bailar go go. En sus primeros shows la banda tocaba covers de The Doors, Jimi Hendrix, Animals, Cream y paulatinamente hacían conocer sus propios temas que son los integrantes de esta maravilla musical que es el disco de referencia. El sonido de la banda se estructura a partir de elementos claramente psicodélicos, hasta incluso los arreglos de voces. Ahora, cuando uno escucha temas tales como Meshkalina, Lux o La Camita, resuenan también otras influencias tales como la música andina y afrolatina. A no confundirse, no es un disco al estilo Santaolalla. Acá hay calidad, creatividad y sobretodo nada robado. En otras palabras, no es una hibridez al modo "sudaca en Los Ángeles", sino una genuina muestra de riesgo y de adelanto musical.
Trafficc Sound solo sacó dos discos más, Virgin (en 1970) y Lux (en 1971), y luego se disolvió hasta que en 1979 y más recientemente en los noventas se volvieron a juntar para despuntar el vicio de recibir un aplauso. Una de las características de “la era de la juventud” que comienza en los sesenta es que lo bueno llega muy alto pero dura muy poco, tal como pasó con Traffic Sound. El disco es accesible, vale la pena 100%. No es un disco para entendidos, sí para atrevidos, pero bueno, de eso se trata.
